Hoy 23 de abril festejamos un Día Internacional del Libro muy especial debido al confinamiento por el coranavirus; una jornada en la que se celebra la lectura con motivo de la fecha en la que coincidieron la muerde de Cervantes, Shakespeare y Garcilaso. Por ser una situación especial podemos dedicar la jornada a leer con los niños y niñas en casa. De hecho, el confinamiento seguro que ha provocado muchos momentos de lectura. Para ello os dejamos un cuento que podéis oirlo y leerlo. Se llama "El viejo árbol", es un cuento para reflexionar sobre la ayuda mutua, de las ventajas de la colaboración y el trabajo conjunto y también de la conservación de la naturaleza, en especial del valor del agua como fuente vida.
Pincha la imagen para oirlo.
EL
VIEJO ÁRBOL.
Una soleada mañana un hermoso pajarillo decidió pararse en una de las
secas ramas de un viejo árbol.
Mientras el ave limpiaba cuidadosamente su rojo plumaje, escuchó que el
árbol se lamentaba:
-¡Qué triste me siento! ¡Antes era bello y frondoso, ahora sólo soy un montón
de frágiles ramas! ¡A quién le importa un árbol que no da frutos! ¡Ni siquiera
los niños quieren treparme!
-¿A qué se debe tanta desdicha?- preguntó el pajarillo al árbol.
-Pues verás, hace más de dos meses que los dueños de esta casa se fueron y
desde ese día no he probado una sola gotita de agua, si no llueve pronto seguro
que moriré.
-¡Oh! ¡Qué triste! Quisiera ayudarte, pero no sé cómo, sólo soy un pequeño
pajarillo.
-¿Crees que puedas traerme aunque sea un chorrito de agua fresca en tu
piquito?- Preguntó el árbol.
-¡Claro!- dijo el pajarillo- ¡Es una excelente idea!, voy a pedir ayuda a todos
los pájaros del rumbo y juntos te refrescaremos ¡Ya verás!
-¡Muchas gracias pajarillo!- Exclamó el árbol.
Las palomas, los cenzontles, los jilgueros, las calandrias, y otras
aves del lugar, se reunieron en el río y dirigidas por el pajarillo rojo
llevaron en sus picos agua para el viejo árbol.
-¡Gracias! ¡Muchas gracias a todos! ¡Qué feliz y vivo me siento!- Exclamó el
árbol cuando, después de una larga espera, pudo disfrutar la lluvia que los
pajaritos dejaban caer sobre él.
Todos los días los pájaros regaban con mucha generosidad al árbol. Poco
a poco el viejo árbol recuperó su color, miles de hojas volvieron a crecer
entre sus ramas y su tronco se hizo cada vez más fuerte. Todo él volvió a estar
lleno de hermosas y fragantes flores que pronto se convirtieron en jugosas manzanas.
¡Qué bello! El árbol volvió a sentirse vivo y frondoso.
La hermosura y presencia que el árbol daba al patio en el que vivía
provocó que la casa nuevamente fuera habitada. Todos los días la señora de la
casa regaba al árbol y éste cada vez estaba más resplandeciente. Los pájaros
felices por la llegada de la primavera y por la dicha del árbol decidieron
organizar una fiesta en el patio.
¡No! ¡No se paren en mis ramas! ¡Por favor!- dijo el árbol a los
pajaritos- Que no ven que pueden tirar mis hojas, mis flores y mis frutos. A
nadie le gustan los árboles secos. Busquen otro árbol para brincar, hay muchos
por este lugar. El pajarillo rojo, junto con los otros pájaros, se fueron muy
tristes por la actitud del árbol a quien tanto habían ayudado.
La mañana siguiente una paloma intentaba hacer su nido en el viejo
árbol. El árbol muy enfadado dijo- ¡Oye! ¿Qué no vez que puedes dañar y
ensuciar mis ramas y mi tronco? Hay muchos lugares donde puedes hacer tu nido,
porque no buscas otro- La paloma huyó avergonzada y entristecida. Lo mismo pasó
con el jilguero y la calandria que intentaban alimentarse con las manzanas del
árbol.
Poco a poco, los pájaros se alejaron del patio y dejaron de visitar al
árbol. El árbol continuó hermoso y resplandeciente por un tiempo; pero cada día
se sentía más pesado. Nadie comía ni tiraba sus manzanas. Tenía tantos frutos y
flores encima que sus ramas y su tronco comenzaron a inclinarse. La señora de
la casa pidió a su esposo que cortara el árbol porque en cualquier momento
podría caerse.
El árbol, que escuchó lo que la mujer decía a su marido, lloró
desconsoladamente. Los pájaros escucharon sus sollozos y acudieron al patio.
-¿Qué te pasa viejo árbol? ¿Por qué lloras?- Preguntó el pajarillo rojo.
-¡Estoy muy triste! ¡No dejé que ustedes tiraran mis flores, ni que comieran de
mis frutos, ahora mis ramas pesan tanto que mi tronco se ha doblado y van a
cortarme!
-No llores, viejo árbol, nosotros te vamos a ayudar- Dijo el jilguero.
Las aves comenzaron a tirar las manzanas, las flores y las hojas del
árbol. Poco a poco el viejo árbol se enderezó y los señores de la casa
decidieron no cortarlo. Aunque por un tiempo el árbol sólo tuvo unas cuantas
hojas entre sus ramas, vivió feliz rodeado de pajaritos pues logro comprender
el valor del agradecimiento, del servicio y de la generosidad.